martes, 19 de febrero de 2013

Trastornos adquiridos en la infancia


La expresión “trastornos de conducta” agrupa una gran variedad de manifestaciones sintomáticas que alteran de manera importante el desempeño social, escolar y familiar del niño; para considerarlas como tales deben tener tres características:
-Interferir de manera importante con la adquisición de normas y pautas sociales y reaccionar en contra de ellas.

-No corresponder a reacciones comportamentales en el marco de otra entidad patológica específica ( depresión, psicosis infantil, trastornos de ansiedad, etc.)

-Manifestarse según la edad cognoscitiva y social del niño.

Algunas pueden ser las siguientes:


Conductas Agresivas:
La agresividad en si misma forma parte del desarrollo del niño y no debemos confundir las manifestaciones agresivas patológicas, como parte de los trastornos de conducta, con aquellas manifestaciones normales en las cuales el niño afirma su rol social, su independencia y su voluntad y que son esperadas para la edad según el desarrollo psicoafectivo. Un niño puede mostrarse agresivo ante los demás sin tener necesariamente la intención de agredir. Las manifestaciones agresivas patológicas que forman parte de un trastorno de conducta son:

Intolerancia grave a la frustración:
Nos referimos a los casos en los cuales los niños no toleran la menor frustración. Se entiende que la intolerancia a la frustración hace parte del desarrollo del niño y de los procesos de aprendizaje a través de la experiencia.

El niño comienza desde la temprana infancia a presentar intensos y frecuentes accesos de cólera ante cualquier frustración, por mínima que sea. La familia tiende a reaccionar de manera positiva a sus demandas, con la cuál genera la perpetuación de este comportamiento. Este trastorno es una forma de trastorno “interactivo” familiar, que suele manifestarse de manera grave cuando el niño ha adquirido la independencia motora y manipula a la familia con sus comportamientos agresivos. En niños más grandes estas crisis se acompañan de fuerte agresividad dirigida hacia los padres o hacia ellos mismos cuando no son satisfechos sus deseos. La familias con pautas de crianza tolerantes o divergentes entre los padres, pueden generar con mayor frecuencia este síndrome.


Conductas Autoagresivas:
Las conductas de agresividad autodirigidas en los niños son frecuentes y generalmente indican un grado de patología.- Algunos recurren al estos síntomas cuando la agresiones físicas o verbales en contra de otros fracasan en el sentido de obtener beneficio.
Existe el concepto de no considerar las automutilaciones como trastorno del comportamiento aislado, es decir, pensar más en estos síntomas como partícipes de otros diagnósticos, como por ejemplo retardo mental, psicosis, autismo y otros síndromes genéticos o neurológicos.
Estas automutilaciones como trasformo del comportamiento suelen involucrar las extremidades, cabeza y tronco. Se presenta con mayor frecuencia en niños con deficiencias cognoscitivas o sensoriales y en niños deprivados psicológicamente o institucionalizados. En ocasiones representa una forma de llamara la atención del entorno.


Violencia dirigida a las personas y muerte:
Al hablar de violencia entendemos un patrón de relación en el cual los actos son dirigidos hacia los otros causando un daño y, generalmente, teniendo la conciencia del efecto que producirá aun cuando se trate de un comportamiento aprendido por el niño.


Los comportamientos violentos pueden originarse desde las primeras etapas del desarrollo de un niño y permanecer hasta la adolescencia. La violencia en los niños habitualmente se origina a partir de una conducta aprendida y suele haber un patrón transgeneracional, como en el caso de la violencia intrafamiliar y el maltrato infantil.


Conductas contra la propiedad (robo):
Para poder hablar de robo en los niños debemos considerar que ellos ya tengan la capacidad de reconocer el concepto de la propiedad y el entendimiento de las normas sociales que prohíben el robo. Es entonces hacia los 6 o 7 años de edad cuando los actos de apropiación de objetos ajenos pueden considerarse como tales. El robo tiene varias correlaciones y significados en los niños, y solo un escaso numero de ellos puede evolucionar hacia un trastorno de conducta como tal e inscribirse incluso en un trastorno de personalidad.

Robar objetos es altamente frecuente en la infancia y uno podría decir que casi todos los niños han tomado algún elemento como propio sin serlo, sin embargo, solo cuando esta conducta se mantenga durante un largo periodo e involucre algunas conductas asociadas (premeditación, elaboración y perfeccionamiento del método y aumento del valor de los objetos), así como el producto de dicho acto (reventa, negocio, compra de drogas o alcohol, etc), se podrá considerar el robo en los niños como un verdadero trastorno de conducta.
Es importante aclarar que las conductas comunes de los que los padres llaman “robo” no lo son así para los niños. En la temprana infancia, los niños empiezan a conocer el mundo y a experimentar con sus objetos, sin acceder al concepto de pertenencia. Los niños sienten entonces el mundo y sus objetos como propios.

Posteriormente los niños van conociendo las limitaciones de los objetos y la asignación de sus propietarios a través de un proceso largo y complejo. Durante este período todos los niño es experimentan el apoderarse de las cosas y solo en el fallido intento de apropiarse de lo ajeno aprenden que nos permite vivir en sociedad y que determina que no todo el mundo nos pertenece.



TRASTORNOS DISOCIALES:
Se caracterizan por un patrón repetido y persistente de conducta disocial disocial agresiva o desafiante. Es necesario que este comportamiento alcance niveles importantes de violación de la conducta socialmente esperada para la edad del paciente, razón por la cual debe ser mas grave que la travesura infantil corriente o la rebeldía de la adolescencia y suponer un patrón perdurable de comportamiento (6 meses o mas).


Entre los ejemplos sobre los cuales se fundamenta el diagnóstico se encuentran niveles excesivos de pelea y fanfarronería, crueldad hacia las demás personas y hacia los animales, destrucción grave de la propiedad, conducta incendiaria, robo, , mentira repetitiva, falta a la escuela y fuga del hogar, rabitas y desobediencia extraordinariamente frecuentes, cualquiera de estas conductas, si es marcada, es suficiente para el diagnóstico, pero no lo son las acciones disociales aisladas.

Sin duda todas estas conductas son adquiridas durante la infancia y desarrolladas durante la adolescencia e incluso en la adultez, las cuales llegan a formar parte de la personalidad de cada individuo.






Síndrome de Wendy


¿Quién es Wendy?
Wendy es aquella mujer u hombre que se encuentra detrás de un Peter Pan. Y es que, tras un Peter Pan siempre tiene que haber una persona, hombre o mujer, dependiendo del caso, que se encargue de hacer todo aquello que no hace él. Peter Pan no existe si no hay una Wendy que le aguante.

El Síndrome de Wendy se puede definir como el conjunto de conductas que realiza una persona por miedo al rechazo, por necesidad de sentirse aceptada y respaldada, y por temor a que nadie la codicie. En definitiva, por una necesidad imperiosa de seguridad.

Este síndrome es principalmente desarrollado por hábitos vividos y experimentados sobre todo durante la infancia.

 Cuando el sujeto actúa como padre o madre en su pareja o con la gente más próxima, liberándoles de responsabilidades, podemos hablar de Wendy, estas conductas pueden darse tanto dentro del núcleo familiar, en los roles de padre/madre sobre-protectores, como en las relaciones interpersonales, con aquellas personas muy cercanas. La madre que despierta todos los días a su hijo para que no llegue tarde a la universidad, aquella que le haga los deberes, le resume las lecciones o subraya los apuntes, la esposa que asume todas las responsabilidades domésticas… es una Wendy en el núcleo familiar. Lo mismo ocurre en la relación de pareja si es ella y no él quien toma todas las decisiones y asume las responsabilidades, actúa como madre o padre y como esposa/esposo o justifica la informalidad de su pareja ante los demás.
Las conductas más significativas que acompañan una persona que padece este síndrome los las siguientes:
  • Sentirse imprescindible
  • Malinterpretar que el amor sólo es sacrificio y resignación
  • Evitar a toda costa que su pareja se enoje
  • Intentar continuamente hacer feliz a la pareja
  • Insistir en hacer las cosas por la otra persona
  • Pedir perdón por todo aquello que, por el otro, no ha hecho o que no ha cómo sabido hacer
  • Necesidad imperiosa de cuidar del amante como si fuera un niño
  • Convertirse en un padre o madre en la relación de pareja


Para hablar de un verdadero Síndrome de Wendy es preciso tener en cuenta que todas estas acciones se basan en un terror al abandono, que son inmutables y que persisten como tales, con en el transcurso del tiempo.

Actualmente no existen estudios epidemiológicos que arrojen unos datos fiables sobre el porcentaje de la población que puede sufrir este síndrome, porque el síndrome como entidad establecida aun no existe. No obstante, sí se han establecido las diferentes variables que pueden desencadenar su aparición. Lo primero que hay que tener en cuenta es que puede afectar tanto a hombres como a mujeres, aunque es cierto que es más frecuente entre ellas.

Esta diferencia entre los sexos puede ser debida, entre otras cosas, a la cultura en la que estamos inmersos. Queramos o no, todavía sigue siendo la figura de la mujer quien tiene más peso en el cuidado de los miembros de la familia y esas ideas que se nos inculcaran en el proceso educativo tienen su expresión en la vida adulta.


lunes, 18 de febrero de 2013

Raro caso: La esquizofrenia en la infancia

La esquizofrenia es un diagnóstico psiquiátrico en personas con un grupo de trastornos mentales crónicos y graves, caracterizados por alteraciones en la percepción o la expresión de la realidad. La esquizofrenia causa además una mutación sostenida de varios aspectos del funcionamiento psíquico del individuo, principalmente de la conciencia de realidad, y una desorganización neuropsicológica más o menos compleja, en especial de las funciones ejecutivas, que lleva a una dificultad para mantener conductas motivadas y dirigidas a metas, y una significativa disfunción social.

Que la esquizofrenia se presente en una etapa muy temprana como en la infancia es poco común, normalmente se presenta en la adolescencia o a principios de la adultez. Existen casos de niños esquizofrénicos, su diagnóstico es muy complejo ya que ciertos comportamientos pueden confundirse con comportamientos propios de la infancia, como son los amigos imaginarios ó la rebeldía, estamos seguros que un niño padece de esquizofrenia cuando empieza a lastimarse ó a tener pensamientos suicidas.

Existen familias que brindan todo el apoyo necesario para que sus hijos esquizofrénicos, tengan una vida normal y sobre todo puedan vivir y disfrutar su infancia de la mejor manera posible.
Actualmente hay un caso muy conmovedor de una niña llamada January que padece esquizofrenia, lo impresionante de este caso es que ella es consciente de su enfermedad y hace todo lo posible para sobrellevarla, sus papás afirman que quieren lo mejor para ella y  hacen todo lo posible porque ella tenga una infancia normal.

A continuación les presentamos dos videos que forman parte de un documental realizado sobre este curioso caso.



La infancia se ha acortado.


Todos los padres piensan que sus hijos crecen demasiado deprisa y que dejan de ser niños muy pronto. Pero no es sólo una percepción los expertos aseguran que en la última década se ha adelantado la pubertad y los psicólogos y pedagogos ya hablan de un nuevo “síndrome”.

Los niños de todas las épocas han querido hacerse y jugar a ser mayores, ya que de esta forma pueden acceder a actividades que por su edad les están vetadas. Pero nunca como ahora la infancia ha sido tan corta. A partir de los diez años los niños ya quieren entrar en el mundo de los adultos y su comportamiento a los doce años dista mucho del que mantenían sus padres a su misma edad.


Los niños, en algunos aspectos, no sólo se comportan como adolescentes, sino como pequeños adultos. Primero sustituyen los juegos por el ordenador, y después los cuentos por revistas juveniles. Desde que están en primaria hablan de novios y sus conversaciones pueden ser más propias de niños de secundaria de 16 años.

Puede parecer que un día están jugando con muñecas y al día siguiente quieren maquillarse, se fijan en los chicos y comienzan los conflictos por la ropa que quieren llevar. 
No es tanto que maduren antes, sino que la  sociedad, las costumbres y, sobre todo, los medios de comunicación, les llevan a vestirse y comportarse como niños más mayores al poner a su alcance productos y actitudes poco propias de la etapa conocida como infancia.
Crecer antes de tiempo no es positivo para los niños, que viven y actúan como adultos cuando aún no se está preparado para ello, en lugar de vivir intensamente cada etapa, ya que es necesaria para su desarrollo.

Este acortamiento de la infancia también se ha dejado notar en el hecho de que los niños entran antes en el mundo de los adultos y sus problemas. Así, se ha detectado que problemas relacionados con trastornos de la alimentación o en el consumo de alcohol y drogas comienzan a aparecer cada vez a edades más tempranas. Asimismo, la edad media de inicio en el tabaco se ha reducido sensiblemente, datos que deben ser un toque de atención para los padres.

Entre las consecuencias puede destacar la inmadurez y sensación de insatisfacción que pueden mantenerse a lo largo del tiempo.




¿Quién Fuera Niño otra vez?


Quién fuera niño otra vez? Tener siete u ocho años para correr en el patio de la escuela, enviar cartas al niño Dios en navidad y jugar toda la tarde. La infancia es una de las épocas más agradables de nuestra vida, en esos años maravillosos el juego era lo único que importaba, la escuela no resultaba pesada y los problemas que teníamos ahora nos parecerían insignificantes.

Este blog esta hecho con la finalidad de dar a conocer cómo ha cambiado la infancia a lo largo del tiempo y los temas que tienen que ver con ésta.

Cuando hablamos de nuestra infancia casi siempre tenemos buenos recuerdos, sin embargo esos años fueron muy diferentes para cada persona y podemos verlo en la diferencia de generaciones. Nuestros abuelos jugaban en la calle, que era muy segura, con juguetes a veces hechos por ellos mismos y que eran muy sencillos.







A nuestra generación le tocó la aparición de los primeros videojuegos y de las películas infantiles en el cine, pero nunca nos olvidamos de los juegos tradicionales de la calle: la cuerda, el stop, el elástico entre otros. A pesar de que ya no era tan seguro salir de las casas, podíamos jugar a las escondidas en la casa o a algún juego de mesa.

Los niños de ahora son muy diferentes, para la mayoría la tecnología es mucho más divertida que cualquier juego en exteriores. Además, la televisión les ha influido mucho, así como el internet, las redes sociales sobre todo. Actualmente los niños pasan varias horas frente a la televisión o en la computadora, cosa que es alarmante.

La infancia de ahora ya no es como la de antes, podemos darnos cuenta de ello si tenemos un niño cerca, su concepto de diversión no es el mismo del que nosotros teníamos en nuestra niñez, y menos el que tenían nuestros abuelos o nuestros padres. El niño de ahora tiene acceso a la tecnología y ha cambiado su relación con el exterior.

Algunos niños ya ni siquiera pueden tener amistades fuera de las redes sociales, les es imposible entablar una comunicación en persona y prefieren pasar largas horas frente a la computadora que salir a pasear en bicicleta o ir al parque a jugar futbol. La infancia ha cambiado y está más cerca de una especie de adolescencia temprana que de una niñez sana, los niños tienen mucha información que les ofrece el internet, la cual puede llegar a ser muy peligrosa, y es evidente que han cambiado los libros por los juegos en línea.